26 marzo, 2022

Cómo nos afecta el cambio de hora y qué hacer para llevarlo mejor

El próximo domingo 27 a las 2:00 de la madrugada tendremos que adelantar una hora nuestros relojes. Un cambio que se ha convertido en una rutina y que tiene más efectos de los que a priori puedas imaginar. 

El cambio de hora se implantó de manera generalizada por primera vez durante la I Guerra Mundial. Esta medida se adoptó para ahorrar carbón, que era un mineral fundamental para iluminar las fábricas de armamento. El 30 de abril de 1916 se decidió adelantar el reloj de las 23:00 a las 00:00. En plena primavera, cada vez amanecía más temprano. Adelantar la hora permitía ganar una hora de luz natural por la tarde. Es así como se conseguía ahorrar ese valioso carbón. 

Más de medio siglo más tarde, en 1974 y tras la Crisis del Petróleo, algunos países europeos comenzaron a implementar el cambio horario para ahorrar combustible. Pero no fue hasta 1980 que la Comunidad Económica Europea decidió hacer buena esta medida en el Viejo Continente. 

Durante el año, realizamos dos cambios horarios. El primero en marzo, en el que se adelanta la hora. El segundo en octubre, con el que volvemos a nuestro horario natural. De esta manera se intenta que el grueso de la población comience su jornada laboral cuando se hace de día. 

Los países tropicales no suelen llevar a cabo esta medida, ya que, al encontrarse cerca del ecuador, la duración de los días es prácticamente la misma durante todo el año, por lo que hacer el cambio deja de tener sentido. 

En el año 2018, la Unión Europea propuso eliminar el cambio horario, pero aún hay países como España que siguen cambiando el reloj cada seis meses. 

Ritmo circadiano y ritmo biológico 

Para entender mejor cómo afecta el cambio de hora es necesario explicar dos conceptos de gran importancia: el ritmo circadiano y el ritmo biológico. 

El ritmo circadiano tiene que ver con los cambios físicos, mentales y de comportamiento que experimenta el cuerpo en un ciclo de veinticuatro horas. Estos cambios están muy influenciados por las horas de luz natural y de oscuridad. 

Si lo relacionamos con el ritmo biológico, el cambio de hora es una decisión arbitraria, un proceso que no es natural; sin embargo, todos los seres humanos tenemos nuestros ritmos biológicos. Cuando creamos una rutina, uno de los factores más determinantes es el del sueño. En base a esta rutina, generamos unos automatismos y unos horarios según los que nos levantamos de la cama, desayunamos, vamos a trabajar, comemos… Es lo que se conoce como el ritmo biológico o biorritmo. Al acostumbrarnos a hacer nuestras tareas en un momento determinado del día, nuestro cuerpo estará preparado para “funcionar” en ese momento concreto. Es decir, si estamos acostumbrados a despertarnos a las 7:00 de la mañana, aunque adelantemos una hora el reloj –las 7:00 pasarían a ser las 8:00–, nuestro organismo tenderá de manera natural a despertarse a las 8:00 de la mañana y no a las 7:00 del nuevo horario, por lo que estaremos “perdiendo” una hora de sueño. 

Los problemas del cambio horario 

Algunos países han decidido dejar de implantar el cambio de hora. El motivo que argumentan es que el ahorro energético es casi nulo; en cambio, sí que tiene un efecto negativo en los ritmos vitales diarios de los ciudadanos. 

Las funciones de los órganos más importantes del ser humano dependen de la segregación de cortisol y de melatonina, dos hormonas que están relacionadas con los ciclos de la vigilia y del sueño. El cambio horario puede generar cambios en la segregación de estas hormonas, por lo que algunas personas sufren una desincronización entre los ritmos internos y los ambientales

Este desajuste afecta a nuestro descanso. Quizá nos sintamos un poco más cansados durante los primeros días, como si sufriéramos una especie de jet lag, aunque menos acusado que el que podamos experimentar en un viaje transoceánico. Es normal que durante los días de adaptación al nuevo horario sintamos un poco de somnolencia y que nuestra capacidad de concentración y de atención disminuya. Según una estadística recogida por la cadena de televisión La Sexta, el primer lunes tras el cambio de hora –que tiene lugar en la madrugada del sábado al domingo– se produce un incremento en el número de accidentes de tráfico. 

También puede generar malestar general y alteraciones en el estado de ánimo. Cuando la hora se retrasa, un sector de la población puede sentir cierto decaimiento. Cuando se adelanta, aparecen reacciones como el nerviosismo o la irritabilidad y el mal humor. 

Los niños y las personas mayores son las personas más sensibles al cambio de hora. 

Consejos para sobrellevar el cambio de hora 

Al tratarse de un cambio corto, de una sola hora, la adaptación es rápida y el organismo puede acostumbrarse al nuevo ritmo en un periodo de tiempo que oscila entre tres y siete días. 

Para acelerar la adaptación puedes seguir estas recomendaciones: 

  • Acuéstate un poco antes. 
  • Sustituye la siesta por un poco de ejercicio físico. 
  • Los cinco o seis días anteriores al cambio, adelanta o retrasa tus comidas diez minutos cada día. 
  • Evita comidas pesadas que dificulten la digestión. 
  • Evita las fuentes de luz artificial en la habitación, lo que incluye, por supuesto, las pantallas de los teléfonos móviles. 
  • Además, se desaconseja la toma de medicamentos para conciliar el sueño. 

Aún no sabemos hasta cuando seguiremos aplicando el cambio de hora. Sea como fuere, descansa y aprovecha tus días todo lo que puedas. 

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